ESTAS PREPARADO PARA ENTRAR EN UN MUNDO DE SENSUALIDAD? PONTE COMODO, LEE Y SIENTE..

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Escribe Tú en el Tejado...

lunes, abril 09, 2007

Proyecto Eden escribe: El Centro


Llegaba tarde, siempre con prisas. Me rondaba todo el dia en la cabeza, a las cinco en el centro, a las cinco en el centro, y eran las cinco menos cuarto y todavia estaba en casa.
A las cinco y tres entraba por la puerta del centro de estética. Era mi momento. Una vez por semana, todos los viernes por la tarde para ser exactos, me dedicaba unas horas para mi. Era mi momento: sauna, baños de calor, duchas, y por último, Eric, mi masajista personal, digo personal, porque cuando estaba conmigo, no estaba con nadie más. Una horita entre sus manos, era como rozar el cielo con las puntas de los dedos durante largo tiempo.

Bajé a los vestuarios y me crucé con Eric:
- Que tal, Nuria, ya Viernes por fin?
- Como lo sabes! Estaba deseando que llegara. Me cambio y empezamos, vale?
- Perfecto. Voy preparandolo todo.

Entré a los vestuarios, y Eric ya me lo habia dejado todo preparado; mi albornoz, el tanguita y los patucos para los pies.
Me cambié con tranquilidad, porque sabia que tenia tiempo mientras Eric preparaba la sauna. Me quité la camiseta, y al ir a quitarme el sujetador me di cuenta que en mi pecho derecho tenia un pequeño moratón. Como un bocadito. ( jejeje, aún sentia el olor de Roberto por mi ropa, y también podia observar su entusiasmo, como el mismo bocado representaba.).
Habiamos pasado toda la mañana juntos. Yo habia llamado al trabajo para decir que no me encontraba bien y que no iria, y él, tenia unos dias libres. Quedamos en su casa, porque era la que quedaba más cerca del centro.
Fue un derroche de energias, toda la mañana follando. Nos veiamos poco pero cuando lo haciamos eramos incapaces de frenar nuestros impulsos. Nos atraiamos sexualmente, sin tapujos, sin mentiras, era solo sexo, los dos lo sabiamos y eso era lo que queriamos.
Cada uno ya tenia su pareja. Roberto llevaba cuatro años con Adela,y tenia claro que era la mujer de su vida. Y yo, se podia decir, que toda la vida con Nacho. Sabia que Nacho era con quien queria compartir toda mi vida, el padre de mis futuros hijos, pero, habia cosas, que él no podia darme. Y algo que siempre he dicho, es que solo tenemos una vida, y hay cosas que no se les puede dar la espalda, que hay que vivirlas.
Nuestro deseo nos habia llevado del cuarto de estar al baño, del baño al comedor, al suelo, al sofá, a la cama… y de vuelta al cuarto de estar. Era fantástico sentirlo dentro, como un caballo salvaje, empujando con ímpetu y furia. Su cuerpo se fundia junto al mio, eramos uno solo. Sexo, solo y exclusivamente sexo. Aunque a veces se nos escapaban unas caricias traicioneras que denotaban algo más, pero haciamos como si no las sintieramos.

Eric llamó a la puerta del vestuario:
-Estás lista? Ya está todo preparado.
-Si, perdona. Ya salgo.

Terminé de quitarme la ropa, me pusé el tanguita y los patucos que me habia preparado Eric, cogí el albornoz y salí dispuesta a pasar una agradable y placentera tarde.

Eric me esperaba en la puerta de la sauna para cojerme el albornoz y cerrarme la puerta. Siempre era el mismo procedimiento. Se lo entregué con una sonrisa en los labios y me contestó con un sutil guiño de ojos.
-Si necesitas algo, ya sabes, aprietas el boton verde y en un segundo estoy aquí. Disfruta.
-Gracias Eric, eres un sol, lo sabias?
- Y tu también, mi niña. Relajate. Tienes 10 minutos.
Y cerró la puerta tras de si.
Me senté en el banco de piedrecitas azules que estaba enfrente de la puerta. Era un lugar pequeñito, como una sauna individual, mas o menos. El vapor ascendia lentamente, las paredes de piedrecitas azules lloraban lagrimas de vapor continuamente.
Era el paraíso, lo que yo necesitaba, calor, mucho calor. Mi cuerpo empezaba a relajarse, a acomodarse en ese banco humedo, casi tan humedo como yo empezaba a estar. La imaginación viajaba por su cuenta. Las manos eran cosa mia. Mi cuerpo todavía sentia los estragos de la mañana. Estaba dolorida pero satisfecha….o no?. Mi mente se habia posado en Eric, en esas manos tan , tan… tan. Lo que mas me llama de un hombre, lo primero que me llama de un hombre, son sus manos. Unas manos suaves, grandes, firmes. Las de Eric eran así, y además daba unos masajes increíbles. Las mias, en cambio, ya habian encontrado mi punto debil. Mientras mi mente jugueteaba con las manos de Eric, las mias me hacian imaginar el resto de su cuerpo. Me hacian disfrutar, ya sabian como, lo habiamos ensañado cientos de veces. Mis dedos jugueteaban con mi clítoris, con mis labios, acariciandolos suavemente pero con intensidad. Sentia como todo mi cuerpo se estremecia de placer, la situación no podia ser mas idonea. El vapor hacia que mis sentimientos fueran in crecendo sin pausa, el calor ya era parte de mi. Sin querer alargue mi brazo en un impulso de placer orgásmico y pulse en boton verde. Ni me di cuenta, yo estaba muy metida en mi propio asunto. Notaba como el calor ascendia por todo mi cuerpo, mis pezones, duros como rocas apuntaban hacia la puerta, suplicaban dos manos que los acariciasen.
Al instante, Eric entró:
-Estás bien?
-Upsss, si…, ohh, si perdona, es que….. sin querer.. yo………ohh
- Veo que estás disfrutando con la sauna.
-Si, bien…. Mmmm,…. Quieres acompañarme..???
- Si, creo que necesitas ayuda, mi niña. Dejame que te muestre una cosa.

Eric cerró la puerta tras de si , y se arrodilló delante de mi. Su camiseta blanca estaba empapada del vapor, y sus pantalones, también blancos, dejaban entrever un potencial la mar de deseable. Se quitó la camiseta, se secó un poco la cara y la lanzó detrás suyo.
- Tenias que haberme avisado, si te sentias sola.
- No estaba sola, yo se como divertirme.
- Ya veo, no lo pongo en duda. He llegado en el mejor momento.
- Si, ya he hecho los preliminares, no te importa que no te haya esperado, verdad?
- No, pero deja que compruebe que todo esta……húmedo.

Separó mis piernas con delicadeza y acercó sus labios a mi sexo. Noté su lengua ardiendo, rozaba casi con una suavidad innata mi clítoris, lamiendolo , jugueteando con los labios. Lo chupaba, una y otra vez, y yo me estremecia, le pedia más, necesitaba más. Estaba a punto de explotar, y él lo sabia, mis gemidos eran cada vez más fuertes, y su lengua…. Paró.
Me levantó del banco y sujetandome fuertemente me pusó contra la puerta de cristal. Levantó mis piernas hasta su cintura y sujetandome de las nalgas, me penetró sin dudarlo. Fue como una espada que atraviesa ardiendo mi bajo vientre, segura, firme, puro fuego. Sus impulsos hacian que mi espalda resbalase por la puerta de cristal, mis manos, enlazadas a su cuello, se cogian con fuerza, acencandolo a mi, más, más, más adentro.
-Ves, mi niña, como necesitas ayuda.
- No eres necesario, pero si que puedes ayudarme.
-Te gusta, dime que te gusta.
-Claro que me gusta, mmm…..,,,mmmm, sigue Eric, dame más
- Siii, mi niña, tendrás lo que pides.

La locura, el vapor o el calor, nos llevó a pasar más tiempo del debido en la sauna. Estabamos extasiados de placer, unidos en un mismo deseo, excitados como la primera vez ( aunque esta era “nuestra” primera vez).
Sonó un timbre, y una vocecita nos recomendaba, o mejor dicho, me recomendaba abandonar la sauna, por un exceso de tiempo en ella.
Eric levantó la cabeza, me miró a los ojos y me dijó:
-Tocamos el cielo…
- Adelante- le contesté.
Su ritmo empezó a acelerarse, cada impulso era un enorme paso hacia el cielo, una bomba de placer y deseo. Cuando estabamos a punto de tocarlo, noté su calor desbordandome, sentí como emanaba ese chorro de semen bajo mi sexo. Eric gemia de placer, y yo tocaba el cielo, literalmente, creia, con las puntitas de los dedos, y mmm……con toda la palma.


Después de ducharme y refrescarme un poco, Eric me esperaba en la sala de masajes para terminar la sesión. Una hora en sus manos….. cuantas veces iba a rozar el cielo hoy!!!!.
Eric habia preparado la sala, unas velitas, incienso, y una música ambiental que eran las delicias de cualquier cliente que pasase por sus manos.
Me quité el albornoz, y me tumbé en la camilla. Él me tapó con una toalla y me pidió que cerrará los ojos y me relajara.
Noté sus manos en mi espalda, noté el aceite de canela embriagar mi cuerpo, mi mente se apagó. Y me relajé.

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