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Escribe Tú en el Tejado...: VINO PARA AMARME, VINO PARA BEBERME Escrito por Juan Carlos Moya (Ecuador) ESTAS PREPARADO PARA ENTRAR EN UN MUNDO DE SENSUALIDAD? PONTE COMODO, LEE Y SIENTE..

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jueves, noviembre 17, 2005

VINO PARA AMARME, VINO PARA BEBERME Escrito por Juan Carlos Moya (Ecuador)

TINTO. Tu perfil rosado mirando la ventana y la lluvia de septiembre. Vos, Lola, distante, en una ciudad ignota de Canadá, sentada en un sofá rojo, escuchando los latidos de tu corazón abatido y un tango de acetato. Ahora la habitación se te hace enorme, este instante insípido se detiene en tu piel como una telaraña, hoy te vuelves a sentir sola, engañada y perezosa sobre el terciopelo del mueble, bella y pálida dentro de un suéter de cuello alto, las piernas cruzadas y los pies desnudos, los párpados azules, una lágrima invisible en tus ojos indiferentes. Pronto llegará la tarde, descorchas una botella de vino y sirves dos copas, nerviosa y con un grito que te cosquillea en la garganta, tu mano temblando en el aire como un pájaro, me extrañas desde tu odiado retiro en Canadá, nunca lo vas a confesar, es tu secreto, yo fui tu amante, tu esposo es una maldición, frente a vos las copas de vino tinto como dos gotas de sangre, bebes la primera y escuchas la lluvia en la ciudad, la segunda copa es mía y ni siquiera la tocas, solo la miras, vulnerable y tímida, como algún día miraste mi corazón…

BLANCO. Santiago de Chile oscurece en silencio. Desde Vitacura viajo en el metro hasta San Miguel con una botella de vino blanco. Paula abre la puerta de su casa y se cuelga en mi boca con sus labios rojos que queman. La chilena acelera su desnudez y pone música. En la cama la temperatura sube a medida que nuestra piel raspa y se hace el fuego. Al día siguiente me despido de su espalda dormida y la botella de vino queda inmaculada a los pies de su cama manchada de lápiz de labios. Meses después me escribe una carta que sobrevuela la cordillera de los Andes hasta Quito, “Querido y odiado Juan Carlos vos viniste de repente y me dejaste para siempre, vos vienes con vino y te vas sin decir adiós, no te quiero decir salud, todo lo contrario. Ojalá estés muerto... Te ama, Paula”…

TINTO. Es un hombre que en sus ojos esconde el nombre femenino de un fracaso, barba y traje blanco, está varado en medio de la playa mojada al amanecer. Mira detrás de unas gafas Armani las olas que se ofrecen primero impetuosas y luego espumosas y moribundas. En su mano una copa de vino tinto. Borracha sobre la arena, a sus pies, una botella verde y solitaria. En una noche, la de ayer, ya se ha hecho más viejo y pensativo. Antes de que el sol relama el agua salina, el hombre sorbe espiritualmente su bebida y se promete una última hazaña en su viril futuro distante, “Nunca más voy a creer en la palabra de una mujer”, el vino le deja los labios mojados y el viento marítimo le golpea las costillas. Empieza a salir el sol…

BLANCO. Los éxitos del nuevo verano en Buenos Aires suenan en las radios domésticas. Balcones antiguos ofrecen cortinas que se mueven como velos de novia con la brisa antártica. La fiesta renueva sonrisas en los bulliciosos cafetines de calle Corrientes. Los camareros de blanco patinan con charolas en sus manos. A orillas de Puerto Madero un yate se aleja perezoso sobre el Río de la plata. Dos amantes levantan en la noche el vino blanco que les ayudará a garantizar y exaltar su amor. La noche apenas encubre sus secretas ansias e identidades. Debajo de la ropa, la mujer, cuyas piernas se cruzan desprevenidamente, siente que un océano tibio la besa caprichosamente. Ella quiere casarse de blanco, siente el vino frío y una sonrisa adolescente que la ruboriza. Él es argentino, está casado, tiene dos hijos y le dice, bajito a la oreja, zorro y canchero, “Vine para beberte”. El yate penetra la oscuridad porteña, es un lechoso cuerpo en placentera fuga.

e-mail del autor: elmarques30@yahoo.es


 
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